Última función de JAZMINES EN EL LÍDICE el domingo 23 de febrero a las 6 pm en el Ateneo de Caracas

Jazmines....jpg 2

Se trata del exitoso montaje de Tumbarrancho Teatro, en apoyo a Esperanza Venezuela, inspirado en testimonios de 54 madres que han perdido seres queridos a causa de la violencia.

A partir del sábado 8 de febrero el Ateneo de Caracas presenta la pieza Jazmines en El Lídice, el exitoso montaje teatral de Tumbarrancho Teatro inspirado en las historias de 54 madres cuyos hijos perdieron la vida a causa de la violencia, y quienes claman por la paz a través de campañas de sensibilización de Esperanza Venezuela.

Escrita por Karin Valecillos, dirigida por Jesús Carreño y musicalización original de Abraham Brizuela, la obra, que pretende ser un punto de partida para recuperarnos como sociedad y evitar que estas tragedias continúen repitiéndose,  nos muestra la vida de seis mujeres venezolanas que han encontrado una manera de salir adelante por encima de la tristeza de haber perdido a sus hijos.

La pieza transcurre en una  humilde casa de Lídice, donde Meche perdió a su hijo Raúl en manos de la violencia, y sus hijas, Anabel y Dayana, que también han perdido a sus hijos, tratan de persuadirla de que se mude a otro lugar porque el asesino de Raúl fue puesto en libertad. Sin embargo, Meche está arraigada a su comunidad, pues, pese al dolor, ha encontrado en la pérdida de su hijo un vínculo con otras madres y siembra jazmines como quien siembra esperanza.

Tumbarrancho es, definitivamente, una de las agrupaciones teatrales más destacadas del momento, con la audacia y la belleza de montajes que indagan en nuestra realidad, como una manera de mostrarnos como somos. Temas como la masacre de El Amparo, la muerte de Kurt Cobain o la visita de Queen a Venezuela, han servido de punto de partida a este grupo de jóvenes talentos para ir construyendo el discurso de un país como fundamento dramático.

En esta ocasión, Jazminez en El Lídice es un apoyo a Esperanza Venezuela, una fundación artístico social, no partidista, que tiene como objetivo promover el respeto a la vida en todas las personas de Venezuela a través del arte. Su trabajo ha sido reconocido con los premios  Innovación para la Paz (Crea Resultados, 2013) y Por La Caracas Posible (2013).

Jazmines en El Lídice, “una pieza que no olvidarás”,  cuenta con las actuaciones de Gladys Prince, Omaira Abinadé, Rossana Hernández, Indira Jiménez y Tatiana Mabo. La producción es de Inmarilé Quintero.

Las funciones tendrán lugar en la Sala María Teresa Castillo del Ateneo, los días sábado 8 a las 5 pm y domingo 9 a las 4 pm. Luego, a partir del 15 de febrero, el horario será los sábados a las 7pm y domingos a las 6 pm.

Las entradas, con un precio de Bs.  130 para público general y 120 para estudiantes y tercera edad, están a la venta en www.solotickets.com y taquillas del Ateneo de Caracas, Av. La Salle, Qta. La Colina, Urb. Colinas de Los Caobos. Hay café terraza, estacionamiento gratis y vigilancia privada.

Jazmines-texto

También crecen jazmines, por Héctor Torres
30 de Julio, 2013

Una mesa modesta y un par de muebles, unas paredes desnudas, una iluminación lúgubre. La desolación cuelga en ese silencio. Movidas por un peso tan invisible como palpable, irrumpen de pronto seis mujeres. Seis mujeres que se encargarán, durante las casi dos horas que dura el montaje, de llevarnos por el laberinto de sus estados de ánimo, anhelos y reflexiones en torno al duro tema de la pérdida de los hijos a manos de la violencia.

La obra se desarrolla en una casa de Lídice, un barrio al noroeste de Caracas. Lídice, cuyo nombre conmemora el de un pueblo arrasado (reducido “a ras” de la tierra) por el ejército Nazi durante la Segunda Guerra Mundial, en venganza por el asesinato de un oficial alemán en su suelo. De allí parte Karin Valecillos para tejer su emotivo alegato contra la violencia, a partir de los testimonios, recogidos por Proyecto Esperanza, de madres que han perdido a sus hijos. “Yo no veo que le pongan Caracas a ninguna ciudad del mundo, después de cada fin de semana”, se queja una de ellas, cuando se entera del origen del nombre de su barrio.

La obra arranca en el momento en que Anabel, hija de Meche, la visita, junto con Sandra (su cuñada), una vecina llamada Yoli, cuyo hijo asesinado había sido un delincuente, y Aída, una abogada que había vivido en el barrio, bajo la excusa de celebrar el cumpleaños de su hermana Dayana, quien aún vive con su mamá. La razón de fondo es convencerla de que abandone el barrio, ya que (es la noticia que evitan darle) el asesino de su hijo fue dejado en libertad.

La relación de los seis personajes está inteligentemente bien urdida. Dayana y Anabel también perdieron a sus hijos, pero la juventud les ofrece un combustible de esperanza que la mamá ya no posee. Esta, en cambio, planta cara a su dolor apoyando a otras mujeres que han tenido que atravesar por el infierno de vivir experiencias similares, y planta también jazmines que se volverán metáfora de la esperanza. Cada una de ellas es una perspectiva, un tributario de ese mismo río. Yoli, la vecina, suma a su dolor la vergüenza. ¿A cuántos Raúl habrá matado mi hijo?, se pregunta, mientras que Sandra, de 36 años y viuda de Raúl, habla por el dolor del hijo que ya no tendrá.

Cada una va arriando su existencia tratando de sobrellevar sus dilemas y sus dolores, tratando de entender la vida a partir de esas pérdidas tan desoladoras: Quedarme aquí no revivirá a mi hijo. Irme es traicionar su memoria. Quedarse para vivir recordando el dolor. El dolor no se recuerda, el dolor no se olvida. Y en ese contrapunto de reproches mutuos, emerge la necesidad común de ser escuchadas y recibir consuelo. Y emerge, también, la humana revisión de su rol de madres:

Los hijos son como los jazmines: la falta de agua los daña; el exceso de agua también los daña.

Y ese valiente gesto de mirar el dolor de frente, les permite ver también su opuesto: en esa tierra en la que murieron sus hijos también crecen jazmines, que es una forma de ver que el dolor es amargo pero no le niega cabida a la esperanza.

Con semejante tema, era fácil que Valecillos sucumbiese al cliché de la denuncia maniquea. Por fortuna, desarrolló una hermosa exploración sobre la condición humana en situaciones de dolor extremo que nadie, en esta sociedad tan poco dada a vivir y metabolizar el duelo, debería perderse. Saldrán de allí valorando más la vida y su sentido, queriendo más a sus hijos, entendiendo más esa maravillosa responsabilidad de educarlos.

Bajo la dirección de Jesús Carreño y actuaciones de Gladys Prince, Omaira Abinadé, Rossana Hernández, Patrizia Fusco, Samantha Castillo y Tatiana Mabo, Jazmines en el Lídice (montada por Tumbarrancho Teatro) es una reflexión obligatoria. Enfrentar el dolor con serenidad, corporizar las cifras que nos cauterizan la compasión, puede asomar una cura que ayudará a que nuestros hijos no hereden este cáncer de sociedad que hemos terminado por construir.

Jazmines....4 Jazmines....5 Jazmines....7 Jazmines... Jazmines....6 Jazmines....jpg 3

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s